La artritis es un término médico que engloba más de 100 condiciones diferentes caracterizadas por la inflamación de una o varias articulaciones. Esta enfermedad provoca dolor, rigidez e hinchazón en las zonas afectadas, limitando significativamente la movilidad y funcionalidad de quienes la padecen.
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune crónica que afecta principalmente a las articulaciones pequeñas de manos y pies. Se caracteriza por provocar inflamación simétrica, rigidez matutina prolongada y puede causar deformidades articulares si no se trata adecuadamente. Esta condición también puede afectar otros órganos del cuerpo.
La artrosis, también conocida como osteoartritis, es el tipo más común de artritis y resulta del desgaste natural del cartílago articular. A diferencia de la artritis reumatoide, afecta principalmente a articulaciones grandes como rodillas, caderas y columna vertebral, siendo más frecuente en personas mayores de 50 años.
La artritis psoriásica combina síntomas articulares con lesiones cutáneas, mientras que la gota se caracteriza por la acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones.
En España, se estima que más de 4 millones de personas sufren algún tipo de artritis, siendo las mujeres las más afectadas. Esta enfermedad impacta considerablemente en la calidad de vida, limitando las actividades diarias y la independencia personal.
El reconocimiento temprano de los síntomas de la artritis es fundamental para iniciar un tratamiento efectivo que permita controlar la progresión de la enfermedad y mantener la funcionalidad articular.
Los primeros indicios de artritis suelen manifestarse de forma gradual y pueden incluir:
El dolor articular en la artritis presenta patrones distintivos según el tipo. En la artritis reumatoide, el dolor es más intenso por las mañanas y mejora con el movimiento, mientras que en la artrosis empeora con la actividad física y mejora con el reposo.
El diagnóstico de la artritis requiere una evaluación médica completa que incluye examen físico, análisis de sangre para detectar marcadores inflamatorios, radiografías y, en algunos casos, resonancia magnética. La detección precoz permite implementar tratamientos que ralentizan la progresión de la enfermedad y preservan la función articular a largo plazo.
En España, existe una amplia gama de medicamentos disponibles para el tratamiento de la artritis, todos ellos regulados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). El tratamiento farmacológico debe ser siempre supervisado por un profesional sanitario y adaptado a las características específicas de cada paciente.
Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) constituyen el pilar básico del tratamiento sintomático de la artritis. En las farmacias españolas encontramos medicamentos como ibuprofeno (disponible sin receta hasta 400mg), naproxeno y diclofenaco, que reducen eficazmente la inflamación y el dolor articular. El paracetamol sigue siendo una opción segura para el alivio del dolor, especialmente en pacientes con contraindicaciones para los AINEs.
Para casos más severos, los corticosteroides como prednisona y metilprednisolona proporcionan un alivio rápido de la inflamación, aunque su uso prolongado requiere estricta supervisión médica. Los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) representan un avance significativo en el tratamiento de la artritis reumatoide, ya que pueden ralentizar la progresión de la enfermedad.
Los medicamentos biológicos como adalimumab y etanercept han revolucionado el tratamiento de formas graves de artritis, ofreciendo opciones terapéuticas para pacientes que no responden a tratamientos convencionales. Los condroprotectores, incluyendo glucosamina y condroitina, pueden ayudar a mantener la salud del cartílago articular.
Es fundamental considerar los efectos secundarios potenciales, especialmente problemas gastrointestinales con AINEs, osteoporosis con corticosteroides a largo plazo, y mayor susceptibilidad a infecciones con medicamentos biológicos.
La parafarmacia española ofrece múltiples opciones complementarias para el manejo integral de la artritis, proporcionando alternativas naturales y productos de apoyo que pueden mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes.
Las cremas y geles antiinflamatorios tópicos representan una excelente opción para el alivio localizado, con menor riesgo de efectos secundarios sistémicos. Productos con diclofenaco, ibuprofeno o ingredientes naturales como árnica y mentol están ampliamente disponibles en farmacias españolas.
Los suplementos nutricionales han ganado popularidad debido a sus propiedades antiinflamatorias naturales:
Los dispositivos de apoyo como muñequeras, rodilleras y plantillas ortopédicas ayudan a reducir la carga sobre las articulaciones afectadas. La termoterapia, mediante productos de calor y frío, proporciona alivio inmediato y puede aplicarse según las necesidades específicas de cada momento: calor para la rigidez matutina y frío para episodios de inflamación aguda.
La dosificación de los medicamentos para la artritis varía significativamente según el tipo de fármaco prescrito. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno se administran generalmente cada 6-8 horas, mientras que los analgésicos como el paracetamol pueden tomarse cada 4-6 horas. Los medicamentos modificadores de la enfermedad requieren seguimiento estricto de las indicaciones médicas, ya que sus dosis se ajustan gradualmente según la respuesta del paciente.
Es recomendable tomar los AINEs junto con las comidas para reducir la irritación gástrica. Los corticosteroides deben administrarse preferiblemente por la mañana para evitar alteraciones del sueño. En adultos mayores, es fundamental comenzar con dosis más bajas debido a la mayor sensibilidad a los efectos adversos y la posible función renal reducida.
El ejercicio físico adaptado, como la natación, yoga o caminatas suaves, ayuda a mantener la flexibilidad articular y fortalecer la musculatura de soporte. La fisioterapia dirigida puede proporcionar técnicas específicas para cada tipo de artritis. Una alimentación rica en omega-3, antioxidantes y baja en alimentos procesados contribuye a reducir la inflamación sistémica.
Mantener un peso corporal adecuado reduce significativamente la carga sobre las articulaciones, especialmente rodillas y caderas. Las técnicas de relajación, meditación y un descanso nocturno de 7-8 horas favorecen la recuperación tisular y el manejo del dolor crónico. Es fundamental consultar al reumatólogo si los síntomas empeoran, aparecen nuevas articulaciones afectadas o si la rigidez matutina se prolonga más de una hora.