Los trastornos del ácido gástrico incluyen una amplia gama de afecciones que afectan el sistema digestivo superior. La acidez estomacal, caracterizada por una sensación de ardor en el pecho, es uno de los síntomas más comunes del reflujo gastroesofágico. Las úlceras gástricas y duodenales representan lesiones más graves que pueden causar complicaciones significativas si no se tratan adecuadamente.
Los síntomas más frecuentes incluyen dolor epigástrico que puede intensificarse con las comidas o el ayuno, ardor retroesternal, náuseas matutinas y digestión difícil. Muchos pacientes experimentan también regurgitación ácida, especialmente durante la noche, lo que puede afectar significativamente la calidad del sueño y el bienestar general.
El mercado farmacéutico español ofrece diversas opciones terapéuticas para el tratamiento de estos trastornos:
La dosificación debe ajustarse según la gravedad de los síntomas y la respuesta individual del paciente. Es crucial considerar las interacciones medicamentosas, especialmente con anticoagulantes y ciertos antibióticos. La duración del tratamiento con inhibidores de la bomba de protones no debe exceder las recomendaciones médicas para evitar efectos adversos a largo plazo.
El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional crónico que afecta significativamente la calidad de vida de los pacientes. Se caracteriza por dolor abdominal recurrente, generalmente localizado en la fosa ilíaca izquierda, acompañado de cambios notables en los hábitos intestinales. Esta condición presenta una notable variabilidad en su presentación clínica.
Una característica distintiva es la alternancia entre episodios de diarrea y períodos de estreñimiento, lo que genera gran incomodidad y ansiedad en los pacientes. Los factores desencadenantes más comunes incluyen situaciones de estrés emocional, cambios en los patrones alimentarios, consumo de ciertos alimentos irritantes y fluctuaciones hormonales, especialmente en mujeres durante el ciclo menstrual.
El tratamiento farmacológico disponible en España se enfoca en el control sintomático y la mejora de la calidad de vida:
La selección del tratamiento debe individualizarse según el patrón predominante de síntomas, considerando si prevalece el estreñimiento, la diarrea o el dolor abdominal como síntoma principal.
El estreñimiento crónico afecta aproximadamente al 15-20% de la población española, siendo más frecuente en mujeres, personas mayores de 65 años y pacientes con movilidad reducida. Las causas principales incluyen dieta baja en fibra, sedentarismo, deshidratación, efectos secundarios de medicamentos y trastornos endocrinos como el hipotiroidismo.
Este trastorno impacta significativamente en la calidad de vida, generando molestias abdominales, sensación de evacuación incompleta, hinchazón y en casos severos, puede provocar complicaciones como fisuras anales o hemorroides.
La diarrea aguda, de menos de 14 días de duración, suele tener origen infeccioso o tóxico. La diarrea crónica, persistente más de 4 semanas, puede indicar trastornos como síndrome del intestino irritable, enfermedad inflamatoria intestinal o intolerancias alimentarias.
Los signos de alarma que requieren consulta médica inmediata incluyen:
Para el estreñimiento, los laxantes más utilizados incluyen Duphalac (lactulosa), Movicol (macrogol) para uso prolongado y Micralax para alivio rápido. En casos de diarrea, están disponibles antidiarreicos como Fortasec (racecadotrilo), Tanagel (tanato de gelatina) y Tiorfan (racecadotrilo). Los rehidratantes orales como Sueroral y Bi-ORS son esenciales para prevenir la deshidratación.
Las náuseas y vómitos son síntomas frecuentes con múltiples causas. La cinetosis afecta especialmente durante viajes, mientras que las náuseas del embarazo ocurren en el 70-80% de gestantes durante el primer trimestre. Los medicamentos como antibióticos, analgésicos opioides y quimioterapia también pueden desencadenar estos síntomas.
Los síntomas asociados incluyen palidez, sudoración, sialorrea y mareos. Las complicaciones graves comprenden deshidratación, desequilibrio electrolítico y, en embarazadas, la hiperémesis gravídica que requiere atención médica especializada.
Los tratamientos disponibles en farmacias españolas incluyen dimenhidrinato (Biodramina, Cinfamar) para cinetosis y mareos. La domperidona (Motilium, Domperidona Cinfa) es efectiva para náuseas digestivas, mientras que metoclopramida (Primperan) se utiliza en casos más severos. Para vómitos inducidos por quimioterapia, el ondansetrón representa una opción más específica y potente.
La elección del tratamiento depende de la etiología específica:
La dispepsia funcional se caracteriza por una sensación persistente de malestar en la parte superior del abdomen, acompañada de síntomas como saciedad precoz, distensión abdominal, náuseas y dolor epigástrico. Estos síntomas suelen aparecer después de las comidas y pueden afectar significativamente la calidad de vida del paciente.
Los factores dietéticos y de estilo de vida juegan un papel fundamental en el desarrollo de estos trastornos. Las comidas copiosas, el consumo excesivo de grasas, el estrés, el tabaquismo y el consumo de alcohol pueden agravar los síntomas digestivos.
Para el tratamiento de estos trastornos disponemos de diferentes opciones farmacológicas:
Es fundamental adoptar hábitos alimentarios saludables: realizar comidas pequeñas y frecuentes, masticar despacio, evitar alimentos irritantes y mantener horarios regulares de alimentación.
Las hemorroides se clasifican en cuatro grados según su severidad. Los síntomas incluyen dolor, picor, sangrado y protrusión anal. El grado I presenta sangrado sin prolapso, el grado II muestra prolapso que se reduce espontáneamente, el grado III requiere reducción manual, y el grado IV presenta prolapso irreducible.
Los principales factores de riesgo incluyen el estreñimiento crónico, embarazo, obesidad, sedentarismo y esfuerzos excesivos durante la defecación. La prevención se basa en mantener una dieta rica en fibra y una adecuada hidratación.
El arsenal terapéutico incluye diversas opciones:
Es necesario derivar cuando existe sangrado abundante, dolor severo no controlado con tratamiento conservador, hemorroides de grado III-IV, o cuando se sospechan complicaciones como trombosis o infección.